Raising Stoics
Guía para madres y padres

Emociones para niños: qué son, cuáles son y cómo enseñarlas

Las emociones para niños se aprenden como los colores: escuchando su nombre muchas veces, pegado a lo que están sintiendo en ese momento. Esta guía explica qué son las emociones, cuáles son las básicas y cómo enseñarlas en casa a niños de 4 a 7 años, con actividades, cuentos y tarjetas de emociones para imprimir gratis.

Tarjetas de emociones para niños: doce caritas con el nombre de cada emoción, para recortar
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Tarjetas de emociones para imprimir

Doce tarjetas con caritas —alegría, tristeza, enojo, miedo, sorpresa, calma, entusiasmo, vergüenza, preocupación, frustración, decepción y cariño— para recortar y jugar. Una página, tamaño carta.

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¿Qué son las emociones para niños?

Una emoción es lo que pasa por dentro cuando algo nos importa. Para un niño es el calor en la cara cuando le quitan un juguete, el nudo en la panza antes de entrar a una fiesta o las ganas de brincar cuando llega la abuela.

Las emociones tienen tres partes, y los niños pequeños las viven casi siempre en este orden. Primero el cuerpo: el corazón se acelera, los puños se aprietan, las lágrimas salen. Después el impulso: pegar, esconderse, abrazar, gritar. Y al final, si alguien le ayuda, la palabra: "estoy enojado".

Por eso a los cuatro o cinco años las emociones parecen tan grandes y tan repentinas. El cuerpo va rápido y las palabras todavía van lento. Buena parte de la educación emocional en esta edad consiste en acercar esas dos cosas: que el niño aprenda a notar lo que pasa en su cuerpo y a ponerle nombre antes de que el impulso gane.

Cómo explicar las emociones a un niño de 4 a 7 años

Con imágenes que ya conoce y con ejemplos de su propia vida, no con definiciones.

El clima de adentro. "Las emociones son como el clima que tenemos por dentro. A veces hay sol, a veces nubes, a veces tormenta. El clima cambia, y las emociones también." Esta idea enseña dos cosas a la vez: que todas las emociones son normales y que ninguna dura para siempre.

La alarma del cuerpo. Para el miedo y los nervios: "Tu cuerpo tiene una alarma que te cuida. A veces suena cuando no hay peligro de verdad, como la alarma de humo cuando se quema el pan".

Las emociones son mensajeras. "El enojo te avisa que algo te parece injusto. La tristeza, que extrañas algo. El miedo, que quieres estar a salvo." Así las emociones dejan de ser "buenas" o "malas" y se vuelven información.

Y sobre todo, nómbralas en el momento, con una frase corta: "Tienes los puños apretados. Creo que sientes mucho enojo". Un niño aprende más de cien veces así que de una explicación larga.

¿Cuáles son las emociones básicas para niños?

Muchos investigadores hablan de seis emociones básicas que se reconocen en las caras de personas de culturas muy distintas: alegría, tristeza, enojo, miedo, sorpresa y asco. Para niños de 4 a 7 años funciona bien empezar con estas y agregar la calma, que es la emoción a la que queremos volver.

Una forma práctica de enseñarlas es unir cada una con una señal del cuerpo que el niño pueda notar:

Alegría: ganas de brincar, sonrisa grande, energía. Tristeza: ojos que pican, ganas de llorar, cuerpo pesado. Enojo: cara caliente, puños apretados, ganas de pegar o gritar. Miedo: corazón rápido, ganas de esconderse o de abrazar a alguien. Sorpresa: ojos muy abiertos, boca abierta, un brinquito. Asco: nariz arrugada, ganas de alejarse. Calma: respiración lenta, cuerpo suelto.

Cuando estas siete ya salen solas, se pueden sumar otras que aparecen mucho a esta edad: frustración, decepción, preocupación, vergüenza, celos y orgullo.

Actividades de emociones para niños

Estas actividades duran entre cinco y diez minutos y funcionan mejor repetidas muchas veces que hechas una sola vez.

Adivina la emoción. Con las tarjetas de emociones, una persona saca una sin enseñarla y la actúa con la cara y el cuerpo. Quien adivine cuenta una vez en que la sintió.

El espejo. Frente a un espejo, hagan juntos la cara de cada emoción. Pregunta: "¿Qué hacen tus cejas cuando tienes miedo? ¿Y tu boca cuando estás enojado?".

El clima del día. Cada mañana o cada noche, cada quien dice qué clima tiene por dentro. Los adultos empiezan.

El cartel de las emociones. Dibujen o peguen caritas en una cartulina y cuélguenla a la altura del niño. Sirve para señalar cuando las palabras no salen.

El tendedero de emociones. Cuelguen un hilo con pinzas de ropa y las tarjetas de emociones. Cada miembro de la familia pone su pinza con su nombre en la emoción que siente.

Pintar la emoción. Con acuarelas o crayones, pinta cómo se ve el enojo o la alegría. No hay dibujos equivocados.

La caja de la calma. Una caja con cosas que ayudan a calmarse: una pluma para soplar despacio, una pelota para apretar, un peluche, un libro.

Cuentos de las emociones que ayudan

Los cuentos son una de las mejores formas de hablar de emociones con niños pequeños, porque es más fácil hablar de lo que siente un personaje que de lo que siente uno.

El monstruo de colores, de Anna Llenas, es probablemente el cuento de emociones más usado en escuelas de habla hispana: un monstruo que tiene las emociones revueltas y aprende a separarlas por colores.

El Emocionario, de Cristina Núñez Pereira y Rafael R. Valcárcel, recorre decenas de emociones con una ilustración cada una; es mejor para leer por partes que de corrido.

Vaya rabieta, de Mireille d'Allancé, cuenta un berrinche desde adentro: el enojo sale como un monstruo y el niño aprende a guardarlo de nuevo.

Así es mi corazón, de Jo Witek, habla de cómo se siente cada emoción en el cuerpo, con un corazón como hilo conductor.

Al leerlos, haz una pausa antes de dar la vuelta a la página: "¿Cómo crees que se siente? ¿En qué se le nota?". Esa pregunta hace más que la moraleja del final.

Las emociones en preescolar: qué esperar a los 4, 5 y 6 años

Cada niño va a su ritmo, pero hay una ruta general que ayuda a no pedir de más ni de menos.

A los 4 años, la mayoría nombra las emociones básicas —feliz, triste, enojado, con miedo— sobre todo cuando está tranquilo. Las emociones grandes todavía lo desbordan con frecuencia y necesita a un adulto para calmarse. Empieza a notar que otros niños también sienten cosas.

A los 5 años, muchos ya usan más palabras y las unen a una causa: "Estoy triste porque se fue mi prima". Pueden esperar un poco, compartir en juegos con reglas y, a veces, calmarse con una estrategia sencilla si se la recuerdan. La justicia se vuelve muy importante, y con ella el "¡no es justo!".

A los 6 años, varios niños ya pueden resolver pequeños conflictos con palabras, perder un juego sin derrumbarse la mayoría de las veces y consolar a un amigo. Empiezan a usar solos alguna estrategia para calmarse.

En todas estas edades habrá días malos, sobre todo con cansancio o hambre. Lo que importa es la dirección a lo largo de los meses: más palabras, más espera, recuperaciones más rápidas. Si un niño parece muy lejos de sus compañeros en varias de estas cosas a la vez, vale la pena platicarlo con su maestra o su pediatra.

Cómo ayudar a un niño a manejar sus emociones

Manejar una emoción no es dejar de sentirla. Es poder sentirla sin que ella decida por el niño. Para eso ayudan tres pasos, practicados primero en momentos tranquilos.

Notar. "¿Dónde sientes el enojo? ¿En las manos, en la cara, en la panza?" Un niño no puede manejar lo que todavía no nota.

Nombrar. "Esto es frustración." Una emoción con nombre es más pequeña que una sin nombre.

Elegir. Tener dos o tres cosas que hacer con esa emoción: soplar despacio como si apagara una vela, empujar la pared con toda la fuerza, abrazar el peluche, pedir ayuda.

En medio de un berrinche, el niño no puede aprender nada nuevo. Ahí tu papel es otro: quedarte cerca, hablar poco y con voz tranquila, mantener a todos a salvo y esperar a que la ola baje. La plática sobre qué pasó y qué hacer la próxima vez va después, cuando ya está en calma. Los niños aprenden a calmarse, primero, tomando prestada la calma del adulto que tienen al lado.

Errores comunes al hablar de emociones con niños

Casi todos los cometemos, casi siempre con buena intención.

"No llores." "No pasa nada." "No es para tanto." Estas frases buscan consolar, pero le dicen al niño que su emoción está equivocada. Funciona mejor reconocerla: "Estás muy triste porque se acabó el paseo".

Castigar la emoción en lugar de la conducta. Está bien poner un límite a pegar o aventar cosas. No está bien castigar el enojo en sí. "Puedes estar enojado; no te voy a dejar pegar."

Resolver todo de inmediato. Saltar de "estás triste" a tres soluciones en un segundo se salta la parte más importante: que el niño se sienta entendido.

Hablar de emociones solo cuando algo sale mal. Si las emociones solo aparecen en los peores momentos, el niño las asocia con problemas. Nombren también la alegría, el orgullo y la calma.

Y olvidar las propias. Los niños aprenden a hablar de lo que sienten escuchando a los adultos hacerlo: "Hoy estoy cansada y un poco preocupada por el trabajo. Voy a respirar despacio".

Preguntas frecuentes

¿Qué son las emociones para niños de primaria?

Para niños de primaria se puede explicar un poco más: las emociones son reacciones del cuerpo y de la mente ante lo que nos pasa, y nos dan información. El miedo nos protege, el enojo nos avisa de algo injusto, la tristeza nos ayuda a pedir compañía. A esta edad los niños ya pueden distinguir emociones parecidas, como frustración y enojo, y entender que dos personas pueden sentir cosas distintas ante lo mismo.

¿Cómo puede un niño expresar sus emociones?

Con palabras, con el cuerpo y con el arte. Ayuda darle una frase sencilla para usar: "Ahora siento ___ porque ___". Cuando las palabras no salen, puede señalar una tarjeta o una carita, dibujar cómo se siente o mostrarlo con el cuerpo. Lo importante es que aprenda que todas las emociones se pueden decir, aunque no todas las conductas estén permitidas.

¿Cómo hacer un cartel de emociones para niños?

En una cartulina, dibujen o peguen de cinco a siete caritas: alegría, tristeza, enojo, miedo, sorpresa y calma. Escriban el nombre debajo de cada una. Dejen que el niño coloree o haga los dibujos: un cartel hecho por él se usa más. Cuélguenlo a su altura, en un lugar por donde pasen a diario, y úsenlo para señalar cómo se siente cada quien.

¿Cómo hacer un tendedero de emociones?

Cuelguen un hilo o un listón a la altura de los niños y sujeten en él las tarjetas de emociones con pinzas de ropa. Cada miembro de la familia —o cada niño del salón— tiene una pinza con su nombre y la coloca junto a la emoción que siente al llegar. Es una forma rápida de hacer un chequeo diario sin tener que explicar nada.

¿Está bien que mi hijo llore mucho?

Llorar es una forma normal y sana de sacar la tristeza, la frustración o el cansancio, sobre todo a los cuatro o cinco años. Lo importante es que después se recupere y pueda seguir con su día. Si el llanto es muy frecuente, dura mucho o viene con otros cambios —duerme mal, no quiere jugar, se aísla—, vale la pena comentarlo con su pediatra.

Nombrar las emociones es la lección 5 del curso Raising Stoics; calmarse cuando llega la ola, la lección 6. Por ahora el curso está en inglés.

Ver el curso (en inglés)